Muchas mujeres no se dan cuenta de que construyeron una identidad alrededor de la resistencia.
La fuerte.
La que puede.
La que entiende.
La que no molesta.
La que resuelve.
La que cuida.
La que trabaja.
La que no necesita.
Y aunque esa identidad pudo ayudarte en una etapa de tu vida, hoy puede estar limitando tu cuerpo, tus vínculos, tu descanso, tu dinero y tu forma de recibir amor.
La pregunta no es: ¿Por qué no puedo cambiar?
La pregunta es: ¿Qué parte de mí aprendió que tenía que vivir así para sentirse segura?